Recomendación personal de lecturas obligatorias para entender la sociedad en tanto objeto de estudio de la sociología, y para entender las cuestiones de metodología en las ciencias sociales en general:
La sociedad
Su historia
- Alfred Weber, Historia de la cultura, FCE
- Norbert Elias, El proceso de la civilización, FCE
- Susana Bianchi, Historia social del mundo occidental, UNQ
Su concepto
- Ely Chinoy, La sociedad, FCE
- Kingsley Davis, La sociedad humana, Eudeba
- R. M. MacIver y Charles H. Page, Society: An Introductory Analysis, Macmillan
Su estudio
- Nicholas S. Timasheff, La teoría sociológica, FCE
- Philippe Corcuff, Las nuevas sociologías, Siglo XXI
Tratados
- Max Weber, Economía y sociedad, FCE
- Michael Mann, Las fuentes del poder social, Alianza
- Randall Collins, Conflict Sociology: Toward an Explanatory Science, Academic Press
Resumen
- Zygmunt Bauman y Tim May, Pensando sociológicamente, Nueva Visión
Manuales
- John J. Macionis y Ken Plummer, Sociología, Pearson
- Anthony Giddens y Philip W. Sutton, Sociología, Alianza
- George Ritzer, Teoría sociológica clásica / Teoría sociológica moderna, McGraw-Hill
Recomendación personal de lecturas obligatorias para entender la economía en tanto objeto de estudio de la teoría económica o economics, y para entender las cuestiones de metodología en las diferentes ramas de esta ciencia social, también llamadas "ciencias económicas":
La economía
Su historia
- Douglass C. North y Robert Paul Thomas, El nacimiento del mundo occidental, Siglo XXI
- Fernand Braudel, Civilización material, economía y capitalismo, Alianza
- Alec Nove, An Economic History of the USSR, 1917-1991, Penguin
Su concepto
- Joseph Lajugie, Los sistemas económicos, Eudeba
- Karl Polanyi, El sustento del hombre, Mondadori
- Lionel Robbins, Ensayo sobre la naturaleza y significación de la ciencia económica, FCE
Su estudio
- Robert B. Ekelund Jr. y Robert F. Hébert, A History of Economic Theory and Method, McGraw-Hill
- Mark Blaug, The Methodology of Economics: Or How Economists Explain, Cambridge University Press
Tratados
- John Maynard Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, FCE
- Joseph A. Schumpeter, Teoría del desenvolvimiento económico, FCE
- Geoffrey M. Hodgson, Conceptualizing Capitalism: Institutions, Evolution, Future, University of Chicago Press
Resumen
- John Quiggin, Economics in Two Lessons, Princeton University Press
Manuales
- Paul Krugman, Robin Wells y Kathryn Graddy, Fundamentos de economía, Reverté
- Joseph E. Stiglitz y Carl E. Walsh, Economics, W. W. Norton
- Samuel Bowles, Microeconomics: Behavior, Institutions, and Evolution, Princeton University Press
- Wendy Carlin y David Soskice, Macroeconomics: Institutions, Instability, and the Financial System, Oxford University Press
Recomendación personal de lecturas obligatorias para entender la política en tanto objeto de estudio de la teoría política o "politología", y para entender la cuestiones de metodología en las diferentes ramas de esta ciencia social, también llamadas "ciencias políticas":
La política
Su historia
- Bertrand de Jouvenel, Sobre el poder: historia natural de su crecimiento, Unión Editorial
- Gianfranco Poggi, El desarrollo del Estado moderno, UNQ
- Charles Tilly, Coerción, capital y los Estados europeos, 990-1992, Alianza
Su concepto
- Hannah Arendt, ¿Qué es la política?, Paidós
- Seymour Martin Lipset, El hombre político, Tecnos
- Giovanni Sartori, La política, FCE
Su estudio
- Leo Strauss y Joseph Cropsey, Historia de la filosofía política, FCE
- Anthony de Crespigny y Kenneth Minogue, Contemporary Political Philosophers, Methuen & Co.
Tratados
- Giovanni Sartori, Teoría de la democracia, Alianza
- Norberto Bobbio, Teoría general de la política, Trotta
- Charles E. Lindblom, Politics and Markets: The World’s Political-Economic Systems, Basic Books
Resumen
- Kenneth Minogue, Politics: A Very Short Introduction, Oxford University Press
Manuales
- Josep Mª Vallès y Salvador Martí Puig, Ciencia política. Un manual, Ariel
- Mario Héctor Resnik, Paradigmas en ciencia política, Eudeba
- Robert E. Goodin y Hans-Dieter Klingemann, Nuevo manual de ciencia política, Istmo
Por qué estos libros
La sociedad
Su historia
Alfred Weber, Historia de la cultura. Este libro abre la sección con una historia social de la cultura humana que es a la vez una historia cultural de la sociedad, cosa que casi no se ha hecho desde Spengler y Ortega. No es una historia social empírica común, ni una historia política, ni una historia institucional, y capta la lógica interna de las formas culturales que hacen que cada época tenga un significado propio y único. Es una obra especulativa que se podría considerar anterior a la sociología profesionalizada contemporánea en sentido estrecho, y por lo mismo la encuentro de un gran valor.
Norbert Elias, El proceso de la civilización. Una obra ejemplar de sociología histórica de largo plazo. Elias logra explicar cómo la subjetividad ha sido moldeada por estructuras sociales: transformaciones de la autoridad y del monopolio estatal de la violencia con cambios aparentemente íntimos en la conducta y el autocontrol. Se le puede criticar un posible exceso de confianza en la difusión desde las elites, pero aun así su lectura es imprescindible a día de hoy.
Susana Bianchi, Historia social del mundo occidental. El de Bianchi no es el libro más original de la sección, pero da una base histórica manejable para conectar las visiones sociológicas, históricas y estructurales, de gran escala, con el particular y clave desarrollo de Occidente hasta y a través de la modernidad. Es un buen complemento que evita que la lista quede demasiado dominada por obras de gran interpretación teórica de la sociedad occidental, y en cualquier caso se vale un poco de todos los grandes autores como fuentes secundarias. El de Bianchi es un libro usado frecuentemente como entrada para los cursos de historia social general, pero sirve acá para entender el desarrollo social moderno sin una especialización previa.
Su concepto
Ely Chinoy, La sociedad. Un libro formativo, sobrio y clásico. No es una obra que haya cambiado la teoría sociológica, pero a pesar de su limitación es una obra austeramente eficaz para discriminar mejor el concepto de "sociedad" que comparten en común todas las perspectivas de las ciencias sociales, manejado sin sesgarlo con ninguna escuela de pensamiento específica.
Kingsley Davis, La sociedad humana. Este libro encara la sociedad humana como una totalidad organizada. Suena antiguo en tono, y en parte lo es, pero precisamente por eso conserva algo valioso de la sociología clásica: no fragmenta el objeto de estudio antes de haberlo presentado. Es un trabajo ambicioso, amplio, muy representativo de su época: firme confianza en las grandes categorías, y una impronta funcionalista y sistémica. Ideal para bajar un poco los humos analíticos de la sociología contemporánea.
R. M. MacIver y Charles H. Page, Society: An Introductory Analysis. Estos autores me son útiles porque entran como más adecuados que otros para esbozar en forma inteligente y desglosada un "concepto de sociedad". No trabajan un tema particular sino el objeto general, pero analizado en todos sus aspectos y formas, revisitando conceptos de la sociología clásica: sociedad frente a comunidad, asociativo frente a corporativo, estructura social frente a relación social, etc. Imprescindible.
Su estudio
Nicholas S. Timasheff, La teoría sociológica. A mi juicio el mejor manual histórico de teoría sociológica: es claro, ordenado y útil para recorrer la formación y desarrollo de la disciplina. No es un libro que se lea por ser una tesis propia especialmente disruptiva o jugada -como podría ser el del argentino Agulla que también recomiendo- pero tiene la capacidad de convertir esta tradición dispersa de la academia en una progresión secuencial comprensible, analíticamente desglosada. Como ocurre con muchos manuales de teoría de mediados del siglo XX, puede quedar muy marcado por el énfasis en ciertos autores y temáticas, pero tiene un enorme valor como mapa inicial, en tanto este tipo de trabajos de autocomprensión "clásicos" son inseparables del entendimiento de la actual sociología, y que por eso mismo al día de hoy toma de referencia.
Philippe Corcuff, Las nuevas sociologías. Con una aproximación detallista bastante similar a la de Timasheff, este libro pasa directamente a la sociología contemporánea, y cubre casi a la perfección el espacio no llenado por la obra anterior. Su libro permite ver qué pasó cuando las grandes díadas de la sociología empezaron a resultar insuficientes, y acerca al lector hacia este nuevo tipo de sociología, abierta a mediaciones y menos monumental. Este libro y el anterior se deben leer juntos.
Tratados
Max Weber, Economía y sociedad. La recepción general es casi unánime: una obra fundacional e inagotable, y a la vez una obra difícil, fragmentaria pero que revela un orden subyacente. Si bien parece no partir de sustancialismos sociológicos, termina llegando a ellos por vía empírica, siguiendo la intuición teórica de la comprensión por relaciones causales con sentido (verstehen), poniendo a prueba las raíces de las grandes cosmovisiones de la idea de lo social: la sistémica de Hegel y Marx aunque sin llegar a su determinismo ontogenético, así como la contingencial de Nietzsche y Freud pero sin llegar a aquel evolucionismo filogenético. Puso también a prueba los dos grandes métodos en pugna del Methodenstreit en uno superador: el individualismo metodológico del marginalismo austríaco pero sólo utilizado para esbozar neokantianamente tipos ideales que deben testearse contra los fenómenos históricos directamente desde sus horizontes interpretativos a la manera del historicismo alemán. La crítica habitual que se la hecho es para mí un elogio, a saber: su densidad, con muchos frutos incluso no contemplados por el autor, y aunque incompleta, una enorme arquitectura de análisis, que exigen muchísimo del lector al día de hoy. La mejor edición crítica de este tratado es la de Gil Villegas, que dedicó prácticamente su vida a analizar la obra weberiana, la cual en gran medida gracias a él se revela como uno de los más grandes arsenales conceptuales de las ciencias sociales. Frente a otros grandes sistemas, Weber lleva de lejos ventaja a contemporáneos como Durkheim y Pareto. Su trabajo sigue funcionando como una enorme caja de herramientas, que no exige comprar una doctrina cerrada, y que puede ser aprovechada por cualquiera. Es difícil pensar una formación sociológica fuerte sin pasar por esta lectura, que cuando se hace bien lleva a adoptar su hábito implacable de distinguir y compararlo todo.
Michael Mann, Las fuentes del poder social. Agrego aquí este trabajo para evitar un riesgo en el que se cae con una mala lectura de Weber, a saber que la teoría social parezca demasiado conceptual y con poca comprensión diacrónica de los procesos de gran escala. Evitando explicaciones monocausales, Mann observa las sociedades por combinaciones históricas de capacidades organizativas dispares, donde el factor del poder tiene un elemento causal y generativo.
Randall Collins, Conflict Sociology. A la manera de Wright o Tilly, este autor mantiene el conflicto en el centro sin llegar al análisis marxista de clase ni a una mera sociología de la desigualdad. Este es un tratado sociológico que intenta explicar la dinámica social desde las luchas por posición de poder, de status o de clase, por reconocimiento y recursos, y no se limita a describir sólo un fenómeno en particular. Su perspectiva retoma el conflicto como principio normal de organización social, pero va más allá de considerar al mismo como un "partero" de la historia para poder hacer una transición entre dos ordenes sociales incompatibles. Sin embargo, a la vez, se aleja de las perspectivas de Weber y Mann que comienzan por el análisis institucional o macrohistórico del orden social.
Resumen
Zygmunt Bauman y Tim May, Pensando sociológicamente. Este libro no es un resumen de contenidos, sino de "formas de mirar" sociológicas, y lo que éstas tienen en común. Muchas introducciones a la sociología se vuelven catálogos de temas, pero acá Bauman y May bajan a tierra el asunto al público, partiendo desde la biografía individual vital de cada hombre, hasta descubrir las condiciones sociales independientes de su voluntad que la hacen posible. Es el libro que recomendaría a alguien que todavía no sabe si le interesa la sociología, ya que no exige erudición, aunque la inspire. Más que responder "qué es la sociología" apunta a "para qué la sociología", cosa que en general lleva a cambiar el modo de percibir lo cotidiano.
Manuales
John J. Macionis y Ken Plummer, Sociología. Macionis y Plummer cumplen la función de manual general más claro y usable. Da una entrada amplia y ordenada al campo, evitando una interpretación propia. En una lista de este tipo hace falta al menos un manual que no obligue al lector a pasar directamente de Bauman a Weber o Mann. El mérito de este manual es pedagógico: reconocer el terreno antes de internarse en textos más exigentes.
Anthony Giddens y Philip W. Sutton, Sociología. Giddens y Sutton hacen un manual parecido, pero creo que es complementario, y deberían tenerse ambos en cuenta con paciencia. Éste tiene más sensibilidad hacia la sociedad contemporánea y sus problemas particulares, y no es necesario recordar que sus autores son los que obligaron a actualizar el lenguaje sociológico. Presenta la sociología como una disciplina que todavía intenta entender el presente, y eso lo hace particular aunque no agregue más áreas de estudio.
George Ritzer, Teoría sociológica clásica / Teoría sociológica moderna. Estos son más bien manuales específico de teoría y método, de interés para la epistemología tras las ciencias sociales puras. Los manuales generales no alcanzan cuando el lector empieza a cruzarse con autores que además de decir cosas distintas construyen objetos distintos, y en esos casos es cuando viene bien libros introductorios de este tipo. Ritzer ayuda a ubicar quién es quién, cómo y qué discuten, qué problema hereda cada autor y qué problema intenta resolver, qué cambia de una tradición a otra, etc. Ambos libros forman prácticamente una sola obra, y aunque no pretenden sus autores hacer un profundo análisis crítico ni original, sí logran uno de las más útiles guías para no leer la teoría sociológica a ciegas.
La economía
Historia
Douglass C. North y Robert Paul Thomas, El nacimiento del mundo occidental. North y Thomas representan la interpretación fuerte del surgimiento del capitalismo occidental desde el institucionalismo neoclásico, aunque rechazando parcialmente el economicismo formal extrapolado fuera de los procesos de mercado aunque se utilizaran sus criterios de interés individual como si fueran universales, para aplicar un criterio por el cual los derechos de propiedad sirvieron para el desarrollo económico internalizando externalidades. El crecimiento económico ocurre cuando la tasa social de retorno (el beneficio para toda la sociedad) se equipara con la tasa privada de retorno (la ganancia del individuo que asume el riesgo). Es un libro muy discutido, en especial porque parte de la premisa de una forma de obtención de ganancias que presume el tipo de propiedad que la hace posible, pero sin embargo no deja de ser un aporte inteligente. Ponerlo en la lista es necesario para que el lector entienda una de las explicaciones más influyentes del desarrollo económico moderno. Se le ha criticado mucho que su explicación sea demasiado esquemática y que no ofrezca una prueba empírica exhaustiva de todo lo que sugiere, pero aun así es un marco sobre el que se abrieron posteriores debates y que llevó a relacionar las instituciones con el desarrollo económico.
Fernand Braudel, Civilización material, economía y capitalismo. Braudel fue el gran contrapeso para la tesis institucionalista-mercantil de North. North analiza el desarrollo desde instituciones que coordinan mejor los incentivos, pero Braudel demuestra que las formas de producción, incluyendo al capitalismo, no nacen de un criterio de eficiencia de tipo maximizadora de ingresos en el vacío, sino de condiciones que determinan los medios y los fines posibles de la eficiencia, en una historia densa basada en cambios demográficos, geográficos, socioculturales, en los cuales las instituciones no pueden explicarse por adaptaciones utilitarias abstractas a condiciones creadas por instituciones precedentes creadas de la misma forma. Su premisa fue, además, la de separar mercado y capitalismo, algo que muchas explicaciones económicas confunden. La tesis sería que las capas medias de la burguesía se basaban en el intercambio local, los talleres y ferias, en una economía de competencia regulada y transparente, dominada por la mayoría de los agentes económicos, mientras que, contra la tesis de Marx, el capitalismo estaba constituido en una simbiosis política como un estrato superior formado por grandes monopolios, finanzas internacionales y mercaderes aventureros. Para Braudel, el capitalismo es el "anti-mercado", ya que opera a gran escala eludiendo las reglas de la competencia abierta para concentrar simultáneamente riqueza y poder en mutua tensión.
Alec Nove, An Economic History of the USSR, 1917-1991. Nove ofrece una aproximación de historia económica sustantiva y formal al modelo del "socialismo real". Su libro permite entender cómo una economía revolucionaria, atrasada y devastada por la guerra y sus propios experimentos sociales de planificación militarizada, se fue transformando en un sistema de dirigismo central en la coordinación, y una colectivización forzada con ulterior apropiación estatal en cuanto a la propiedad, que habría llevado por méritos propios a un crecimiento acelerado, a la rigidez administrativa y a una crisis por esclerosis sistémica.
Su concepto
Joseph Lajugie, Los sistemas económicos. Un libro conceptual y un mapa esclarecedor que se aproxima globalmente a las formas de organización económica: primero las tradicionales economías cerradas de parentesco, luego las economías abiertas o de masas, a saber la capitalista mercantil (primero de laissez faire y luego dirigida) y finalmente la colectivista estatal autoritaria (en todas sus variantes). La economía no aparece nunca como una sola lógica universal, sino como distintos modos de organizar la propiedad y la coordinación, la producción y la circulación. Prepara al lector para que no se sorprenda cuando el conocimiento histórico lo confronte con paradigmas institucionales incomparables: liberales, socialistas e intervencionistas, sin nunca asumir de entrada que uno de esos sistemas es simplemente "la economía" y los otros sean desviaciones. Un pequeño clásico, e imprescindible.
Karl Polanyi, El sustento del hombre. Polanyi es indispensable para contraponer la economía formal con la capa material de la economía sustantiva. En vez de definir la economía como cálculo de individuos ante escasez, la piensa como el modo en que una sociedad asegura su reproducción material, y contextualiza la escasez y la abundancia en función de los recursos necesarios para el mantenimiento de las fuentes de subsistencia, para recién luego analizar su tendencia al infinito en la maximización de beneficio de las sociedades de mercado propias del capitalismo. Eso permite ver que el mercado moderno no agota lo económico y que implica un desencastramiento de un universo económico que al separarse de la cultura y así de la política, cambia de forma, de finalidad y función. La importancia dentro de esta lista es enorme, ya que impide que el concepto de economía quede enteramente colonizado por la definición formal desde Say en adelante. Este libro prolonga con mayor ecuanimidad las tesis que lo hicieron famoso, y las usa para profundizar más específicamente en las formas económicas precapitalistas en una forma que, aunque distinta a la de Marx, implica una a crítica a la reducción formalista de la economía y una insistencia sociológica en estudiar la economía en su capa subyacente. Incluso reseñas críticas lo tratan como una elaboración importante de su proyecto. El punto en común con esta lista es que Polanyi obliga a historizar el concepto de economía. El propio Douglass North elogió abiertamente a Polanyi por obligar a los historiadores económicos a salir de su zona de confort, y coincidía con él en que la economía neoclásica cometía un grave error al aplicar modelos de mercado modernos a sociedades antiguas (como la Grecia clásica o Babilonia) donde el mercado simplemente no existía. Valoraba que El sustento del hombre demostrara que, durante la mayor parte de la historia, la supervivencia humana estuvo regulada bien sea por la reciprocidad comunitaria o bien por la redistribución sinecista (vínculos culturales y políticos), y no por el sistema de precios. Sin embargo, para North, aunque este enfoque "sustantivista" de la economía era un recordatorio indispensable de que las instituciones van primero que el análisis "formalista", seguía considerando que estas formas de circulación y uso de la propiedad ocurrían por problemas para reducir costos de transacción, así como para él la imposibilidad social de búsqueda ilimitada del uso de los bienes no probaba que no operara el principio de escasez, ya que se podía presumir que los agentes económicos veían constreñida su naturaleza antropológica de agentes maximizadores de beneficio. La oposición entre la visión del mercado como optimización eficiente de la sociedad a la naturaleza humana (North, Coase), y la visión del mercado como compulsión civilizatoria determinante de los intereses en contraposición a la naturaleza humana (Polanyi, Hayek), todavía no se ha resuelto, y sigue hasta el día de hoy dirimida entre sustantivistas y formalistas, o bien desafiada por la idea marxiana de que la naturaleza humana es una materia que toma la forma de la estructura social que la canaliza. En cualquier caso, Polanyi ha sido el gran clarificador de este dilema y, paradójicamente, ha sido Hayek el que ha seguido por su senda (aunque con una visión opuesta del beneficio para la humanidad respecto a la desbiologización de la organización social).
Lionel Robbins, Ensayo sobre la naturaleza y significación de la ciencia económica. Éste es el texto clásico de la definición formal de la economía como ciencia de la elección bajo escasez. Su importancia no depende de que uno acepte esa definición, sino que ordenó el lenguaje de buena parte de la economía moderna. Las críticas posteriores —Polanyi y hasta North incluido— se entienden mejor porque Robbins formuló con precisión aquello contra lo que los sustantivistas discutían. Es un libro breve, canónico y polémico. Su fuerza está en haber vuelto extremadamente clara una frontera disciplinaria que considera que las leyes que hacen posible la economía mercantil siguen operando refrenadas en las economías premodernas. Imprescindible para constrastar las tres posiciones que aun hoy se dirimen el debate histórico económico.
Su estudio
Robert B. Ekelund Jr. y Robert F. Hébert, A History of Economic Theory and Method. Ekelund y Hébert reemplazan bien a una historia demasiado monumental porque funcionan como guía de formación. Su trabajo casi manualístico no tiene la grandeza de la obra magna de Schumpeter, pero tampoco sus excesos. Su valor está en mostrar cómo la teoría económica cambia junto con sus métodos, y aunque desde un approach algo mainstream, explican con distancia y buena hermenéutica, no sólo qué dijeron los autores, sino cómo fueron cambiando las formas aceptables de razonar en economía. En este sentido es un libro más práctico que cualquier otra historia del pensamiento puramente narrativa, y sin embargo deja en banda menos autores clave que muchos manuales más sofisticados pero más serviles a su propio sesgo.
Mark Blaug, The Methodology of Economics. Blaug complementa a Ekelund-Hébert porque se adentra más en la evolución epistemológica de las ciencias económicas, y en cómo se justifican. Es un libro algo incómodo para la disciplina porque se pone a revisar sus aspiraciones científicas y luego, acto seguido, no se las concede sin pagar peaje. Obliga a mirar el aparato de investigación económica desde su costado metodológico: qué significa explicar teóricamente, contrastar, qué es proteger un modelo (paradigma), aceptar un supuesto o declarar irrelevante una anomalía. A diferencia de muchos manuales canónicos, Blaug evita que el lector tome la versión que el economista hace de su rubro, como si fuera una ciencia natural transparente. Con prosa punzante desmenuza las teorías económicas apenas siendo injusto. Y vale mencionar que su perspectiva neoclásica-neokeynesiana nunca se confunde con las tesis de los autores que analiza, aunque intente con ella dar cuenta a su manera de las explicaciones de aquellos. Cuestiona fuertemente la cientificidad de las diferentes corrientes, y se mete con cómo explica cada economista, qué hacen con los supuestos, cuán reales o irreales son, qué significa contrastar una teoría, y ahí entra con nombres como Popper, Kuhn o Lakatos, cosa que rara vez se ve en un libro de historia del pensamiento económico. La recepción que tuvo el libro fue buena porque no viene con epistemologías obtusas aplicadas desde afuera como demarcación de lo filosóficamente viable a lo Bunge, sino una crítica metodológica con conocimiento interno desde la economía más sofisticada. Es el libro perfecto para que los estudiantes no lean ningún manual, del punto de vista que fuera, como si su modo de explicación fuera obvio.
Tratados
John Maynard Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. El clásico tratado, que más que atacar el marginalismo, se saltea la cuestión partiendo de muchas de sus premisas, y pasa a concebir de vuelta, a la manera de ciertos clásicos como Smith, un todo distinto de las partes. No resume una macroeconomía ya dada, que había quedado atrapada en el clasicismo de Mill y vuelta ausente en la síntesis neoclásica de Marshall, reconstruyéndola a su manera desde el problema del empleo, la inversión y la incertidumbre en una economía monetaria. Su punto decisivo es que el nivel de ocupación no queda garantizado por el precio del trabajo ni por una tendencia automática al equilibrio de pleno empleo, sino por el gasto efectivo, las expectativas, la preferencia por la liquidez, la tasa de interés y la decisión de invertir. Mostraba que el capitalismo puede trabarse desde dentro, no por una interferencia externa ni por una falla moral de sus agentes, sino por la propia forma en que se coordinan el dinero y las expectativas futuras con la inversión. Cambió la pregunta acerca de qué debe explicar la economía. La dirección abierta por Hayek hacia una macroeconomía austríaca, chocó con los planteos de Keynes, pero lo hizo desde un paradigma aparte. Schumpeter, en cambio, le habló en su terreno. Paradójicamente, las posiciones de Keynes y Schumpeter, aunque moviéndose en un mismo nivel, terminaron enfocándose en cuestiones parcialmente distintas, mientras que Keynes y Hayek chocaron en los mismos puntos y en un diálogo explícito. Paradójicamente, sería Roepke quien formularía una síntesis pragmática de ambas interpretaciones de las causas de las depresiones económicas, dividiéndolas en dos tipos distintos.
Joseph A. Schumpeter, Teoría del desenvolvimiento económico. Schumpeter acá desarrolla su tesis sobre cómo se sale de la circularidad del proceso económico estacionario y se produce desarrollo. Su tesis central es que el capitalismo no puede entenderse sólo desde el proceso de mercado, con un punto de equilibrio o tendencia al equilibrio, o como mero espacio de intercambio y/o asignación eficiente, sino como un proceso de constante ruptura endógena producida por nuevas combinaciones estructurales entre innovaciones empresariales y producciones disruptivas en el proceso de competencia, en relación con las determinaciones del crédito, los beneficios, la tasa de interés y una propia interpretación de los ciclos económicos. A pesar de ser un heredero parcial de Eugen von Boehm-Bawerk, ve la ganancia no como una recompensa por esperar o por ahorrar, y desglosa la ganancia extraordinaria como resultado transitorio de una transformación de una unidad productiva sobre el todo, que desordena la estructura existente. A diferencia de Keynes y a la vez a diferencia de Say, Schumpeter no se queda con que la economía capitalista quede reducida al problema de la demanda o de la oferta. Echa un ojo al movimiento interno del proceso capitalista, y reabre el puente con el marginalismo, pero en una forma complicada para la misma, por lo cual la síntesis neokeynesiana de Samuelson y Hicks no tomaría su aporte como propio y sin embargo es clave para la comprensión del mainstream aun desde fuera de éste.
Geoffrey M. Hodgson, Conceptualizing Capitalism. Hodgson entró acá porque me hacía falta un tratado sobre el capitalismo que no fuera ni marxista doctrinal ni neoclásico. Este tratado investiga las condiciones institucionales que deben existir para que el capitalismo sea posible. Es una obra erudita, amplia y conceptualmente precisa sobre el capitalismo y sus instituciones. Susan Rose-Ackerman, en Journal of Economic Literature, destaca cuánto aprendió de su historia intelectual, aunque señala como limitación la falta de un análisis más profundo de la política en las democracias capitalistas. Sin embargo, las reseñas convergen en que el libro sirve para clarificar conceptos básicos del capitalismo y evitar usos vagos de términos como propiedad, capital, derecho, empresa, etc.
Resumen
John Quiggin, Economics in Two Lessons. Este libro confronta el tipo de deducciones que el sentido común económico hace al confundir un negocio particular con el conjunto de la economía, pero en sentido inverso al de Hazlitt que utilizaba otros criterios del sentido común social generado por las sociedades de mercado, de forma que no acude a repetir refutaciones panfletarias que potencian creencias erróneas igualmente tontas, y trata de acercar al lector a la complejidad del orden social en forma compleja, no con una mala lectura de los flujos circulares keynesianos o de los procesos productivos hayekianos. Toma la famosa pedagogía da Hazlitt, que transformaba en aparentemente obvias las premisas trucadas de Mises, y las utiliza para dar lecciones más serias, donde no se usan la apelación a los costos de oportunidad para negar la existencia de las externalidades, los problemas de bienes públicos y los efectos distributivos. En vez de enseñar aparentes obviedades, Quiggin llama primero a la prudencia, en tanto demasiadas explicaciones económicas parecen convincentes sólo porque recortan el problema antes de empezar. El suyo es un texto breve, que corrige simplificaciones del mainstream neoclásico, así como los axiomas encubiertos de los neo-austríacos tras un aparente sentido común. Muy relacionado con la posición de Friedrich von Wieser, el autor enfrenta a los publicistas de los aparatos axiomáticos cerrados de otros tratadistas, como lo fuera Bastiat respecto de Say y el mismo Hazlitt respecto de Mises, que terminaron representando al mercado como un espacio de coordinación neutral en el cual las fallas quedaban atribuidas a decisiones privadas o deficiencias humanas, mientras que las instituciones económicas al resultado de la búsqueda de beneficio abstracto de agentes individuales.
Manuales
Paul Krugman, Robin Wells y Kathryn Graddy, Fundamentos de economía. La ventaja de este texto es la forma narrativa y el uso de casos. El lector recibe además un mapa conceptual, y luego, en cada caso, una manera de conectar esos conceptos con problemas reconocibles. Puede tener un tono más reconocible "políticamente" que otros manuales, pero para esta lista eso no es necesariamente malo. Después de venir leyendo a Polanyi, Keynes, Schumpeter y Hodgson, conviene que el primer manual general a utilizar no esté escrito desde un mundo imaginado en un vacío institucional y sin coyunturas. A pesar de que Krugman sea un autor clave del mainstream, es serio.
Joseph E. Stiglitz y Carl E. Walsh, Economics. Este manual queda bien después de Krugman porque funciona como un segundo manual general, más sofisticado y menos dependiente de una presentación escolar de la economía. Si bien no es un tratado realmente heterodoxo, tampoco es un manual que deja las imperfecciones para el final como si fueran excepciones menores. Stiglitz es un autor ideal para exponer las tesis sobre asimetrías de información, mercados incompletos, fallas de coordinación y cuestiones de políticas públicas, que se muestren como problemas internos de la economía contemporánea y no como notas al pie del equilibrio competitivo. Walsh, por su parte, le da una base macroeconómica y monetaria más ordenada. El trabajo de ambos cumpliría acá una función de puente: enseña economía dentro del currículo tradicional, peroya no como si los mercados reales fueran sólo versiones imperfectas de un mundo ideal.
Samuel Bowles, Microeconomics: Behavior, Institutions, and Evolution. Este es un texto mitad manual mitad tratado, avanzado y alternativo, y no una mera crítica externa de la economía estándar. Es una obra avanzada de teoría microeconómica que replantea la disciplina integrando la teoría de contratos, la teoría de juegos evolutiva y experimentos de economía del comportamiento Su mérito está en disputarle el terreno desde adentro al mainstream neoclásico-neokeynesiano, conservando el análisis formal pero cambiando el paradigma que éste capta al incorporar con profundidad teórica el rol económico de las instituciones y el funcionamiento del poder social, así como cuestiones menos conocidas como las preferencias socialmente formadas y su determinación por condiciones mediadoras. Sirve para que el lector acceda a una microeconomía desatada de la empobrecida antropología de los neoclásicos o a la gramática formalista de los apriorismos.
Wendy Carlin y David Soskice, Macroeconomics: Institutions, Instability, and the Financial System. Estos autores cumplen en macro una función parecida a la que Bowles cumple en micro, aunque desde una posición menos rupturista y más cercana a un puente institucional dentro de la macro contemporánea (a diferencia de, por ejemplo, un estructuralista desarrollista kaleckiano como Taylor). Este libro no abandona el lenguaje de los modelos, pero no enseña como anexos a la macroeconomía al sistema financiero, a la inestabilidad por expectativas realimentadas o las instituciones. Trata la cuestión bancaria, el crédito, el inflación, la política monetaria, la demanda agregada y las crisis cíclicas, dentro de una arquitectura más realista que la de los manuales que siguieron enseñando como si 2008 no hubiera obligado a revisar nada.
La política
Historia
Bertrand de Jouvenel, Sobre el poder. El libro entero es una suerte de genealogía del Estado, desde sus formaciones incipientes hasta su forma cabal en el Estado moderno. Parte de su anatomía y de dinámica expansiva, y no cae en un defensa simplista de la impotencia gubernamental ni como una condena de toda autoridad. Jouvenel explica que ninguna procedencia legítima, finalidad benéfica ni constitución escrita basta para contenerlo, y que sólo puede hacerlo una sociedad provista de centros políticos de autoridad propios, con hombres habituados a defender su independencia, y un derecho que no sea mera emanación del gobierno, mediante un entramado de poderes estamentales diversos —linajes, aristocracias, corporaciones gremiales, iglesias, autonomías locales, costumbres y derechos adquiridos— capaces de oponerle resistencia efectiva. Su tesis última es que la libertad no depende tanto de quién ocupa el Poder como de cuánto poder existe fuera de él y de qué cosas, aun invocando al pueblo, la nación, la igualdad o el bienestar general, le está efectivamente prohibido hacer. Es una forma gráfica de viajar en el tiempo y graficar la evolución de esa cosa llamada poder político, que no es lo mismo que cualquier poder ni que política en sentido estricto. Cabe advertir que el autor no cae en el cuento de hadas liberal-conservador donde Estado y capitalismo aparecen como enemigos originarios. Muy por el contrario, sostiene que la aristocracia capitalista es la "hermana menor" del Estado moderno y que se desarrolló bajo su protección. Al destruir las comunidades familiares, señoriales y corporativas que retenían a los individuos dentro de relaciones personales solidificadas en un entramado de estatutos políticos propios, el poder abstracto produjo una de las condiciones fundamentales del mercado moderno: hombres disponibles individualmente como trabajadores y como consumidores. El Estado favoreció además a comerciantes, fabricantes y banqueros que, a diferencia del señor feudal, no parecían inicialmente mandar sobre una comunidad que escapara a la jurisdicción pública: el armador no sustraía a sus marineros al Estado sino que los ponía a su disposición; el banquero acumulaba una riqueza que el Estado podía convertir después, mediante préstamos e impuestos, en fuerza política y militar. La dinámica de hibridación con las altas autoridades de la sociedad burguesa, que entregaban a un centro burocrático toda posible autoridad política mientras que les aseguraba su poder social sobre una población proletarizada, se rompería en conflicto al menos por un tiempo. El gran industrial se había vuelto algo más que un propietario de una clase dominante: ahora tiene un gobierno único propio en la fábrica, organiza la ciudad obrera, controla viviendas, servicios y, en ciertos casos, incluso una policía propia; el poder financiero, por su parte, administra enormes masas de ahorros ajenos y construye organizaciones capaces de imponer decisiones a multitud de personas. En reacción, el Estado ha redirigido el poder político contra estas "células capitalistas", apelando al conflicto con las clases obreras, para reincorporar a estos capitanes burgueses a las burocracias del capitalismo, y al mismo tiempo convertirlas en una sola unidad con los intereses de la burguesía como un todo. Esto termina en sindicatos del Estado, centralizados, que dan fuerza a una clase pero a cambio de un control de la misma, cosa que luego resulta en parte de un orden estable (que conoceríamos como welfare-warfare state), útil para todas las partes al menos dentro del mismo, en tanto el empresariado se encontró momentáneamente en un dilema del prisionero al repartirse el poder político, y la clase obrera no puede tener un poder político unificado sin entregarlo a una élite revolucionaria, que es la anomalía totalitaria en la que el poder también ha terminado, primero con el jacobinismo y luego con el bolchevismo. Un libro imprescindible de la filosofía política que, aun con un tono aristocrático y muy particular de su autor, abre la puerta a una posterior ontología de la política, faltante en la historia de las ciencias sociales.
Gianfranco Poggi, El desarrollo del Estado moderno. Poggi es el contrapeso sobrio a Jouvenel. En vez de partir de la expansión del poder como una fatalidad lo analiza como una tendencia compleja, reconstruyendo las formas institucionales por las cuales el Estado europeo fue diferenciándose de la sociedad y concentrando autoridad pública: el orden feudal, la monarquía estamental, la monarquía absoluta y finalmente el Estado-república, sea en su forma constitucional-burguesa o totalitaria de partido único. Su tesis más importante es que el Estado moderno no es la forma natural de toda comunidad política, sino un arreglo histórico específico, compuesto por jurisdicciones territoriales y una pretensión creciente de soberanía. El libro puede entenderse como la historia de la política en una doble trayectoria: primero, la concentración, diferenciación y despersonalización del gobierno, desde la dispersión feudal hasta la unidad jurídico-administrativa del Estado constitucional; finalmente, la progresiva penetración mutua del Estado y una sociedad capitalista organizada, que expande las funciones públicas pero vuelve más inciertos los límites, la autonomía y la legitimidad de ambos. Poggi no describe esa trayectoria como un progreso necesario ni como el crecimiento lineal de una sustancia llamada poder, sino como la formación históricamente contingente de determinadas estructuras de gobierno, cada una de las cuales resuelve problemas heredados al precio de producir nuevas contradicciones. En forma muy resumida, Gianfranco da los siguientes pasos: el feudalismo protege derechos pero fragmenta el mando; el Estado estamental institucionaliza la negociación pero consagra privilegios; el absolutismo crea unidad política y capacidad administrativa pero personaliza la soberanía; el republicanismo libera al poder del residuo estamental del rey, por lo que desata el radicalismo revolucionario que lo hace infinito a su propia costa económica, y luego el constitucionalismo somete su poder a una ley parcialmente exógena que encubre desigualdades de poder socioeconómicas; y, finalmente, el Estado social democratiza e interviene sobre esas desigualdades, aunque desdibuja las fronteras institucionales y debilita los mecanismos liberales que debían controlar su actuación. Por eso la preocupación última de Poggi no es simplemente que el Estado se vuelva "más grande", sino que la expansión e interpenetración contemporáneas puedan destruir el equilibrio específicamente occidental entre un Estado suficientemente unitario para gobernar, suficientemente autónomo para no quedar sometido a poderes privados, y suficientemente limitado por el derecho y la participación como para no convertir su capacidad de mando en dominación arbitraria. Es un libro breve, pero muy eficaz para mostrar que aquello que hoy parece una unidad evidente —administración, derecho, gobierno y territorio— fue el resultado de una lenta recomposición institucional.
Charles Tilly, Coerción, capital y los Estados europeos, 990-1992. Tilly completa la historia del Estado moderno trasladando el centro de explicación desde las ideas jurídicas hacia los mecanismos que permitieron a ciertos gobernantes sobrevivir frente a otros: cómo la guerra obligó a extraer recursos y generar administraciones, negociando finalmente con propietarios de capital para disciplinar territorios, en una compleja combinación entre coerción concentrada y capital urbano de la que surgirían trayectorias estatales distintas. La célebre proximidad que Tilly establece entre la construcción estatal y el crimen organizado es más que una provocación: ambos ofrecen protección frente a amenazas que en parte ellos mismos producen, aunque el Estado termine legitimando y estabilizando esa relación. El autor no reduce, sin embargo, la explicación a la violencia desnuda, en tanto fueron las necesidades fiscales las que forzaron las negociaciones, y de esas negociaciones surgirían derechos civiles, económicos y de libertad política, generando nuevas formas de representación y ciudadanía. En Tilly, la historia institucional aparece como resultado no planeado de luchas por recursos y la supervivencia política, tanto entre facciones internas o de partido, como geopolítica entre los mismos Estados.
Concepto
Hannah Arendt, ¿Qué es la política? ...
