viernes, 2 de diciembre de 2016

Verdad o consecuencia


En este posteo voy a copiar un par de reflexiones propias que, debatiendo con unos amigos, surgieron a propósito de una exposición realizada en la UCA por Christián Carman, un importante académico dedicado a la filosofía e historia de las ciencias. Allí trató el problema de la asimetría de la explicación en la sociología del conocimiento. Frente a un grupo integrado mayormente por estudiantes de su facultad de filosofía, hizo una revisión crítica tanto de la tesis de David Bloor, el programa fuerte en sociología de la ciencia, como de aquellas que se le contraponían. Me parece que parte de la idea era despertar inquietudes filosóficas y hasta sociológicas en quienes en su mayoría probablemente adoptaban un aristotélico-tomismo en una forma esquemática y cerrada que creo él adopta en una forma más lúcida. Sin embargo, estas inquietudes implican necesariamente a aquellos que en una posición opuesta y relativista no recuerden aplicar la misma vara a sí mismos. Y no sólo a ellos. A mi juicio la relevancia de esta disertación es crucial para la comprensión de las cuestiones más profundas sobre la relación entre nuestro pensamiento y nuestra vida

La temática está muy bien encarada y desarrollada por Carman, pero creo que no en todo momento llega a seguir el desarrollo de su pensamiento en forma consecuente. En cualquier caso, sus reflexiones son lo suficientemente valiosas para que merezcan el pulido de lo que considero son esas rebabas accidentales en su desarrollo. Sé que no es algo sencillo, y sin duda no tengo ni de lejos los mismos estudios que él en estos temas, pero me parece posible. Es interesante notar que, a veces, pensadores acostumbrados a adentrarse con éxito en la complejidad de asuntos que tratan usualmente, apenas empiezan a percibir el mismo nivel de complejidad cuando se adentran en un territorio nuevo. Por eso para mí un gran problema es si se pretende darlo por cerrado tan rápidamente. Nadie entre los presentes notó algo que en su exposición jugaba más a favor del realismo filosófico, o al menos en contra de un relativismo sociológico, y es esto, en resumen, lo primero que intentaré explicar aquí: que los juicios de los sociólogos sobre las causas subjetivas de los juicios son válidas en tanto se considere que podemos diferenciar objetivamente, en nuestra subjetividad, los juicios verdaderos de los falsos, y para eso, necesariamente, tenemos que poder, como sujetos, diferenciar las causas objetivas de las subjetivas de nuestros juicios. Con mucho, el “sociólogo relativista” tendría que cesar cualquier intento de lograr una futura afirmación, salvo la mera afirmación genérica de que hay causas externas incognoscibles (no necesariamente sociales: pueden ser psicológicas) para nuestros juicios. Viceversa, y en segundo lugar, quiero mostrar que hay puntos en la defensa de la posición realista de Carman que adolecen de insuficiencia frente al problema de la capacidad de confirmar o corroborar la validez de las creencias, quedándose implícitamente en una mera tesis escéptica. 

Voy, pues, a linkear aquí al video (subido en cuatro partes) de la disertación de Carman y luego haré mis apreciaciones:






Lo que siento que falla en el atinado análisis de Carman, es que no se termina de entender si de lo que se trata es de hacer esta doble afirmación: que (a) una afirmación puede ser objetivamente verdadera (en forma abstracta, sin que nadie lo sepa) y que (b) las causas de la realización subjetiva del juicio verdadero pueden ser subjetivas. Si de esto se trata, ok, pero así el realismo se conserva mientras caemos en un escepticismo sobre el conocimiento de la realidad. Creo que, en cambio, lo que debería importarnos no es conservar la noción de que algo puede ser verdadero (hasta ahí vamos bien), sino si acaso podemos conocer si ese algo es o no es verdadero (lo que no queda tan claro).

De la forma que se planteó, y por lo que entendí, implicaría esto que no se puede conocer la verdad de los juicios, ya que ¿cómo se podría, si la causa de los juicios objetivamente verdaderos son subjetivas y no residen en la verdad de lo juzgado? Obviamente la objetividad se dará en un sujeto, y por ende es subjetiva, pero de lo que se trata es de si eso acaso implica que la causa de esa misma subjetividad sea meramente subjetiva a su vez, y no resida en la verdad objetiva de alguna forma. ¿Qué genera el juicio verdadero y cómo podemos diferenciarlo del falso? Las causas subjetivas, externas al juicio, a lo sumo podrían ser las que condicionen la existencia de que la verdad cause o no tal o cual juicio. Pero si estas causas subjetivas generan la relación entre el sujeto y la proposición que afirma, y no hay nada que la subjetividad pueda percibir diferente entre lo verdadero y lo falso, pues entonces no caemos en el relativismo (con suerte), pero sí en el escepticismo.

Voy a analizar diferentes segmentos temporales del video, empezando por explicaciones que da al final. Me parece, por ejemplo, que el momento más interesante de la última cuarta parte de la exposición, se da entre 3:37 y 5:03, a la cual ayuda la pregunta de una estudiante y donde se resalta el problema de la conclusión a la que Christián llega.

Voy a intentar, entonces, sin mucho rigor ni método, inventar, para facilitarme la demostración del complejo asunto que se trata, una notación simbólica. Así más o menos voy a poder representar los conceptos expresados (por favor no confundirse: no estoy haciendo lógica de predicados, sino armando un engendro que me facilita las cosas). Creo que así se podrá notar lo problemático del planteo.

Denominemos “Jv” y “Jf” a los juicios verdaderos y juicios falsos, a la verdad o falsedad afirmable sobre cualquier x cosa, al sujeto y su subjetividad “S”. Y finalmente “P” a la proposición, siendo “P [Jv]” la suma de “P” y “Jv”, o sea: una proposición basada en un juicio verdadero, y viceversa en caso de “P [Jf]”. Para decir que un sujeto por causa x opina algo verdadero diré “S[Rx]→P[Jv]”, y si es falso diré “S[Rx]→P[Jf]”

En 3:37 lo que expresa es que es posible que “S[Ro]→P[Jv]” y que no es posible “S[Ro]→P[Jf]”, o sea, que meramente, en principio “P[Jf]”.

En 3:40 lo que dice es que sólo “S[Ro]→P[Jv]” y que sólo “S[Rs]→P[Jf]”

En 3:50 lo que dice es que no sólo “S[Rs]→P[Jf]” sino que además “S[Rs]→P[Jv]” + “P [Ro→Jv]”… sin implicar “S[Ro]→P[Jv]”, que es lo que la chica inmediatamente pregunta.

En 4:22 lo que contesta en respuesta a la estudiante muestra el nudo del problema y cómo todavía no se ha desatado. Le responde, si mi traducción es correcta, que, de hecho, siempre el sujeto vive como objetivas sus propias razones: “S[Rs{Ro→Jv}]→P [Jx]” (entre corchetes pongo cómo operan sus razones subjetivas, esto es: que el sujeto cree que las razones objetivas aducidas son la verdadera razón de sus juicios verdaderos sobre cualquier proposición. Inmediatamente Carman le dice que le parece que ella lo que le preguntó es que “P1[Ro→Jv{S2[Rs]→P2[Jx]}]”, que es algo muy distinto y sería que: es objetivo que hay juicios subjetivos. Luego le dice, contestando realmente a la pregunta de la chica, que las razones objetivas puede que tengan un papel importante: “S[Ro]→P[Jv]”, También se puede entender que Carman quiso decir “S[Ro]→S[Rs]→P[Jv]”, o sea, que hay razones objetivas para la causa subjetiva del juicio.

Se nota que, de cualquiera de las dos formas, Carman nota el problema. Afirma que a veces sí sucede que las razones objetivas cumplen un papel. Pero esto, a mi juicio, para tener alguna utilidad argumental, debería ser válido en todos los casos, y de ser así, todos los juicios serían verdaderos, y sería imposible, por ejemplo, que “S[Rx]→P[Jf]” (todas las opiniones distintas y contradictorias, o sea, todos los juicios serían verdaderos).

Enseguida en 4:49 suaviza la posición y dice que S[Rs+Ro]→P[Jv] (a diferencia del caso de la falsedad donde sólo se daría “S[Rs]→P[Jf]”). Al hacer esto se está pateando el problema para adelante, ya que no está separando territorios entre la sociología y la lógica, sino reintroduciendo por la ventana la asimetría que había sacado por la puerta, ya que con esta solución, los juicios verdaderos son tales porque, en el sujeto, sus causas subjetivas no integran el 100% sino una porción de la cual se deduce una cantidad reservada a la verdad, lo que resumido sería algo como: “si el juicio es verdadero tiene que haber una causa verdadera en la subjetividad de quien lo realiza”. Obviamente esto haría fácil poder diferenciarlo ¿pero cómo?

Esto nos remonta a un comentario anterior, parcialmente errado a mi parecer, en el que se afirma que si los juicios falsos tienen causas subjetivas, luego sería adecuado o correcto apelar a las causas subjetivas para probar la falsedad del juicio. Esto estaría mal. Sólamente sería correcto decir que si sólo los juicios falsos tienen causas subjetivas, luego sería correcto apelar a las causas subjetivas para probar la falsedad del juicio. Por tanto se podría permitir una asimetría parcial que no impliciaría habilitar la falacia genética: que los juicios falsos puedan tener razones subjetivas pero no objetivas, y que los juicios verdaderos puedan tener razones subjetivas y objetivas. No es mi posición, pero vale la pena mencionar este detalle. Analicémoslo un poco más antes de continuar con el resto de este artículo. Ya desde el vamos todo juicio tiene condiciones subjetivas de existencia, y por eso para probar que estas condiciones son a la vez causas no sería suficiente afirmar que existen en tanto condiciones, sino que habría que primero y antes negar cualquier posible razón objetiva al juicio y luego deducir que aquellas condiciones subjetivas actúan a manera de únicas causas. No sólo no bastaría afirmar que existen razones subjetivas para afirmar la falsedad del juicio, sino que no bastaría afirmar que ésta es la única causa existente. Si el juicio realizado puede tener causas objetivas válidas, poco importa que sea producto de causas subjetivas. Ejemplo: yo podría decir que “Juan cree que E=mc2 porque sus padres eran físicos”, pero como el “porqué” no lo podría probar jamás, afirmaría entonces que puedo probar que no existía ninguna razón objetiva en Juan para afirmar que E=mc2 y así demostrar que son sus padres físicos la causa subjetiva de su creencia, pero que no sólo esta causa podría ser suficiente para su creencia (por supuesto se puede afirmar que los padres físicos otorgaron a Juan su conocimiento y así la posibilidad de afirmar, por razones no subjetivas, que E=mc2, pero eso sería un tema aparte). En resumen, se podría mantener cierta asimetría parcial sin caer en la legitimación de la falacia ad hominem o mejor llamada falacia genética. No es una falacia es afirmar que porque se excluyen razones objetivas, entonces quien las cree es epistémicamente ciego y no puede distinguir su carácter de verdad o falsedad. Afirmar, en cambio, que por eso el enunciado es falso, eso sí sigue siendo una falacia, pero eso exigiría afirmar no que existan razones subjetivas, como en el caso de la falacia genética, sino que sólo puedan existir razones subjetivas o, lo que es lo mismo, no puedan existir razones objetivas para la creencia. Pero para demostrar eso no bastaría afirmar la existencia de razones subjetivas. Si la tesis de la asimetría que Carman critica es la que afirma que los enunciados falsos sólo tienen causas subjetivas, entonces se equivocaría en su crítica ya que la misma no implicaría caer en la falacia genética. Si la tesis de la asimetría que Carman critica es la que afirma que sólo los enunciados falsos tienen causas subjetivas, entonces no se equivocaría en su crítica ya que dicha asimetría sí exigiría caer en la falacia genética. 

Ahora bien, continuemos, ya que desde este punto podemos ver por dónde anda el meollo del asunto: ¿qué diferencia la lógica de quien, motivado en su creencia por causas subjetivas, afirma una verdad, de la lógica de aquél que motivado en su creencia por causas subjetivas, afirma una falsedad? Ya que acá está el gran problema si se quiere mantener al conocimiento y al análisis sociológico del conocimiento en dos terrenos distintos: hay un paso que son las causas subjetivas (sociales o psicológicas o culturales o políticas o geográficas, whatever) y un segundo paso que es el proceso de percepción y análisis lógico, cuya variación es la única forma de que esas causas subjetivas operen en una forma específica en un sujeto y en otro. Pero, al hacer eso, estamos pudiendo analizar la sociedad y la verdad en dos instancias distintas, lo que implica que siempre es la verdad la causa de los juicios verdaderos, y que, de alguna manera, la falsedad (por un error o por la falta de algún elemento verdadero en el proceso, o de su mala organización) lleva a la falsedad. Ergo, las causas subjetivas no son más que causas sociales o psicológicas cuya interactuación complejísima llevan más o menos al error o a la verdad en el juicio, pero que no bastan para probar la verdad o la falsedad sino que, por el contrario, sólo se pueden juzgar como favorecedoras o no de los juicios verdaderos, remitiendo a un análisis lógico cuya verdad podamos percibir directamente, y que por ende pueda comunicarse y universalizarse (si es que las premisas necesarias pueden obtenerse en forma no arbitraria).

Como intento replantear aquí, sólo así se puede solucionar el dilema: complementar el programa fuerte en metafísica de Santo Tomás con el programa fuerte en sociología de Bloor. ¿Cómo? Partiendo de la salvedad de que no hay causas subjetivas directas ni para caer en el error ni para el acierto (salvo que adoptemos una creencia con independencia de su validez intrínseca, racional o sensible o de fe, sino por sí misma por costumbre), pero reconociendo que sí hay causas subjetivas para que dispongamos de herramientas más o menos adecuadas para que luego acertemos o erremos, (o para que elijamos abocarnos a unas creencias por sobre otras, lo cuál nos lleve al error o a un acierto limitado por restricción del contexto). Y esto no significa que alguien pueda afirmar tener la verdad con plena seguridad, lo que implicaría que sería omnisciente, y por ende sólo debe esperar que el otro le de la razón mostrándole los mismos procedimientos, poniendo a prueba a su vez la propia certeza. Así, para estudiar la relación entre estas causas y las creencias del sujeto deberá pasarse por el pensamiento, la percepción, la conceptualización y la interacción lógica de los conceptos. Tal vez por este camino se pueda salir del enredo que implica la superposición de causas subjetivas y objetivas en un mismo sujeto, considerando que ambos grupos de causas deben tratarse en niveles o capas diferentes. 

Compararé entonces las diferentes posiciones mencionadas en el video de Carman dentro de un cuadro que puede facilitar su comprensión, y le agregaré mi solución. Espero con esta traducción simbólica no estar adulterándolas por simplificación, ni confundiendo alguna.



P [Jv]


P [Jf]

Aquinate

S [Ro] → P [Jv]
S [Ro] → P [Jf]



S [Ro{Ro→Jv}]
→ P [Jv]


S [Ro{Ro→Jv}I]
→ P [Jf]

Bloor

S [Rs] → P [Jx¿v?]
S [Rs] → P [Jx¿f?]



S [Rs{Ro→Jv}]
→ P [Jx]



S [Rs{Ro→Jv}]
→ P [Jx]

Verneaux

S [Ro] → P [Jv]
S [¬Rx] → P [Jf]



S [Ro{Ro→Jv}]
→ P [Jv]


S [¬Rx{¿?→Jv}E]
→ P [Jf]



Carman

S [Rs+Ro] → P [Jv]
S [Rs¿+RoI?] → P [Jf]
P=P [Co→Jv]
P≠P [¬Co→Jf]





S [Rs{Ro→Jv}]
→ P [Co→Jv]


…y a veces:
S [Ro{Ro→Jv}]
→ P [Co→Jv]



S [Rs{Ro→Jv}]
→ P [¬Co→Jf]

…y pareciera que casi no existe esta opción:
S [Ro{Ro→Jv}I]
→ P [¬Co→Jf]



:o)

S [Rs] → S [RoI+] → P [Jv]
S [Rs] → S [RoI-] → P [Jf]
P=P [Co→Jv]
P≠P [¬Co→Jf]




S [Rs{Jv}]
→ S [Ro{Ro→Jv}I+]
→ P [Co→Jv]






S [Rs{Jv}]
→ S [Ro{Ro→Jv}I-]
→ P [¬Co→Jf]

Dato: Carman en el ejemplo de la corbata muestra que a veces “S [Ro{Ro→Jv}E] → P [Ro→Jv]”

S: Sujeto
P: Proposición
Jv: Juicio verdadero
Jf: Juicio falso
S […]: Objetivamente por qué S cree P
S [R{…}]: Objetivamente lo que subjetivamente S cree (por razones obj. ó subj.) de “objetivamente por qué S cree P”
P […]: Objetivamente por qué P
Co: Causas o razones objetivas para algo
Ro: Razones obj. p/ creer verdad algo v ó f
Rs: Razones subj. p/ creer verdad algo v ó f
I: Incompletitud
I+: Incompletitud no-contextual
I-: Incompletitud no-suficiente
E: Error
¿?: Me quedó la duda de qué se dijo

Por otra parte, y ya como una nota a pie de página, me gustaría dejar un comentario sobre la cuestión religiosa. Creo, personalmente, que no está mal fundamentar racionalmente la fe, pero me parece que es un gran error pretender fundar los contenidos de la misma con seguridad directamente sobre la razón o la percepción. En realidad, esto no sólo se aplica a las doctrinas religiosas sino también a las doctrinas científicas que solemos englobar en esa hipóstasis llamada “la ciencia”.